Como bien sabe todo ente que nos ronde vía Skype, nuestra última obsesión con las gentecillas de Uke (useasé: todos en plan familia feliz) son los pirados piratas. Y no, no voy a cansarme pronto de esa broma.

Casi todos tenemos nombre pirata ya, y dos barcos se dirigen a Marbelia en busca de la infame Birra del destino, la legendaria jarra de San Miguel (¡Triunfa!) que te hace inmortal, te rejuvenece, te deja meterte de todo sin efectos malsanos, te quita las patas de gallo, te liposucciona y te deja como pasada por tres operaciones bikini consecutivas.
Esos dos barcos, llenos de aguerridos piratas, son:

* El Jerjes, el Tirachinas Volador;
- Capitana Eve Leadfoot (Rivs)
- Ladrona Marcy Napier Naiper (Lo)
- Putita Jelly Legs Bryan (Edd)

* Mono de Mar/Gargajo de Cthultu/Pistrueyu, el aventau birriaga marinu
- Tax Evadin' Caroline Bellam (Zoe)
- Blind Flora Drake (Dee)
- Zeff Madfire (Dan)
- (Lu)

A continuación, una tira cutre de mi cosecha que ilustra el inicio de las crónicas en altamar del Jerjes.
Y a continuación, dichas crónicas, o lo que vamos de ellas:

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- ¡Reputas!¡¡MARICONAZAS!! ¡A cubierta! - La capitana Eve Leadfoot no se había levantado con buen pie, si es que se le puede llamar levantarse a resbalarse de un mástil y pegarse el batacazo mayor contra la cubierta. Pero lo que definitivamente no mejoraba su humor eran las velas inglesas que podían observarse en el horizonte con dirección a Polaris Port.

Todos los hombres que formaban la tripulación de Jerjes, el Tirachinas Volador, iban de aquí para allá haciendo lo que fuera para que a la capitana no le diera por echarlos a los tiburones. Movían cuerdas, limpiaban cañones, izaban velas o fregaban la cubierta rápidamente, notablemente estresados por los gritos recriminatorios que Eve les dedicaba desde el timón.

- ¡VAMOS, NENAZAS!¡TENEMOS A LOS INGLESES PEGADOS AL CULO!

Los piratas no cesaron de trabajar. Davy era uno de ellos. Nervioso, correteaba de aquí para allá moviendo barriles de pólvora y, de vez en cuando, ayudando a alguno de sus compañeros a transportar cualquier cosa pesada, a pesar de que las delgadas piernas le temblaran al intentar levantar cualquiera de los cofres y baúles que se habían amontonado en la proa del navío. Y los gritos... sentía que la cabeza le iba a estallar entre tanto grito, pero a pesar de ello no se atrevió a quejarse. No podía negar que la capitana era una mujer que realmente imponía. A pesar de haberse acabado de levantar, destilaba liderazgo.

El joven Davy echó al suelo uno de los barriles, jorobándose para poder llegar a él. Hizo que rodara con rapidez, adelantando la mano una tras otra, dándole impulso al gran cilindro de madera. Veía las tablas de dicho material girar velozmente, mezclándose entre si ante sus ojos.

- ¡MÁS RÁPIDO, MÁS RÁPIDO! ¡QUIERO VELOCIDAD! -volvió a gritar Leadfoot.

Los alaridos de la capitana apresuraron de nuevo a sus hombres. Davy escuchaba los pequeños maratones que hacían yendo de arriba a abajo. Por un momento alzó la mirada, observando con admiración a Eve Leadfoot girando el timón bruscamente. Era como si todos formaran parte de un mismo espíritu; la camaradería era como...

- ¡LA MADRE QUE TE PARIÓ, LEADFOOT!

De repente, toda la actividad antes reinante en el Jerjes se paró en seco, como si el tiempo se hubiera detenido. Davy, sin saber de quién era aquella voz, apartó la mirada de la capitana, dándose cuenta de que todos los marineros habían levantado la cabeza hacia el mástil.

Los imitó.

Allí arriba, subida al pequeño cobijo hecho de madera, apoyada en el mástil y cogida a una de las cuerdas, Marcy Naiper los miraba con los ojos entrecerrados. Tenía una botella de ron sujeta con la mano izquierda, pues la otra estaba demasiado ocupada agarrándose a la dura y gruesa cuerda.

- ¡OSTIA PUTA, CON TANTO RUIDO! -gritó desde allí arriba. A pesar de estar tan alto, se la escuchaba perfectamente- ¿POR QUÉ COÑO NO PODEIS EMPEZAR UN POQUITO MÁS TARDE?

Davy había escuchado hablar de Naiper. No se sabía mucho de su pasado, solo que era una ladrona de primera. Había conseguido internarse en la enorme casa del gobernador, robando gran parte de su dinero. Aunque era solo un rumor, claro. Otros aseguraban que no había sido la casa del gobernador, sino la de la reina. Y muchas más habladurías. Marcy solía ser la comidilla de los guardias ingleses, junto a toda la tripulación del Jerjes.

A pesar de ello, Davy solo sabía una cosa segura sobre Marcy: hacía desaparecer las cosas, era afortunada en el juego y le gustaba el ron. Si juntabas todo ello y le dabas una espada, tenías una lucha de espadachines en toda regla, con la ladrona soltando improperios y la capitana Leadfoot apostando.

De repente, Marcy se dejó caer del cubículo, sujetándose a la cuerda con las dos manos y bajando por ella por rapidez. No se quemaba las manos al rozar; llevaba guantes. Ya no tenía la botella de ron en la mano, sino sujeta en la cintura por el pañuelo que se había anudado a modo de cinturón para que no se le cayeran los pantalones. El sonido de las botas chocando contra el suelo indicó que había llegado a cubierta.

- Que tengo resaca, joder -dijo, en un tono más bajo.

El silencio que Marcy había impuesto en toda la borda al descender del mástil dejó entreoír algo, que para cualquier persona ajena a esta embarcación podía tratarse de algo extraño e incluso de una obscenidad pero, que con el tiempo, para cualquiera que navegase en el Jerjes era prácticamente normal, es más sabían qué era e incluso más, de quién o quiénes se trataba.

Los sonidos provenían de la rejilla que daba acceso a las bodegas, que guardaban las provisiones para el viaje, y no eran más que extraños gemidos y golpes, los cuales se repetían con un intervalo cada vez más corto. Acostumbrados, los marineros continuaron su trabajo, esperando no recibir más gritos de la capitana.

Una vez cesaron los ruidos la rejilla se abrió y dejó paso a un despeinado y descamisado pirata, se trataba de Bryan. Este subió los últimos escalones junto a una bola rosa que vestía un pañuelo de lunares. Al llegar finalmente a la borda lanzó una mirada altiva a la capitana e imitó el gesto hacia Marcy, colocó la bola en su hombro y caminó por la borda a paso lento.

- Excitante día el de hoy - dijo mirando lascivamente a los marineros que trabajaban por la borda, con pasos largos se acercó hasta la capitana y sonriendo señaló a un par de marineros que preparaban uno de los cañones-: ¿Tal frío es el de hoy para que lleven tanta ropa?

- Rondando tu por aquí, glacial- contestó Eve mientras se ataba más firmemente el pañuelo a la cabeza.- Por si no lo has visto, tenemos compañía.

Dejó al lascivo pirata encontrar solito a los ingleses entre la marea de sudorosos marineros para acercarse a su ladrona favorita, que sufría de resaca. Lo gracioso era que la resaca de Marcy la permitía realizar actividades completamente normales como el puenting sobre dos manos a cubierta.

- Tu, ¡desgracia!- la gritó al oído, jodienduna ella.- El Jerjes no va a llegar a Polaris por ciencia infusa, así que mueve el culo y haz de vigía.- Oh dios, que morbo daba dar órdenes.

La capitana se puso su chaqueta negra y volvió al timón, observando con preocupación que el barco inglés se hacía más grande en vez de pequeño. Mandaba huevos, que día.

- A ver, o movéis el culo, o movéis la espada, está claro?- berreó, para desgracia de los oídos de la tripulación. En casi todos los puertos piratas sabían que estar casi sordo no era un impedimento para la piratería, sólo había que embarcarse en el Jerjes.

Sin embargo, solamente los más valientes o desesperados se atrevían a embarcar, pues era bien sabido que sólo las más arriesgadas y suicidas empresas eran emprendidas por su tripulación de chiflados. O tal era la historia, porque la mayor parte del tiempo navegaban sin rumbo emborrachándose, atacando a los barcos ingleses que le daban alergia a la capitana, o pasando mercancía de contrabando. Sus supuestos tesoros eran las ganancias combinadas de la capitana y su segunda de abordo en las casas de apuestas.

Y por supuesto, igual de legendaria y estrambótica era la historia que situaba a Jelly Legs Bryan a bordo. De este pirata se decía que nunca había follado a alguien, si no al revés, y que mantenía maratonianas sesiones en las bodegas del barco con un oso rosa

Claro está, los hombres de bien consideraban estas historias como majaderías, puesto que sus civilizadas mentes no podían abarcar los ideales de la vida en altamar.

Y hablando de hombres de bien, a pesar de todos los berreos, gritos y alaridos de la inagotable garganta de Eve, los ingleses estaban ahora a un tiro de piedra. Esto, por supuesto, había sido debidamente comprobado arrojando una bota olorosa y maloliente a los ingleses, que se taparon la nariz asqueados con sus pañuelos bordados de Dior. >>

2 comentarios:

Marcy dijo...

He decidido que mi apellido ya no es Napier, sino Naiper. Simplemente porque Napier me suena a Napia, y no me inspira mucho, a decir verdad. Así que cambia ese post, puta, antes de que lleguen los ingleses y nos empiecen a hacer sonrisas con sus espadas.

Cap'n Eve Leadfoot dijo...

Como quieras, puta desgraciada.
Y los ingleses son unas mariconaaaazaaas que no sabrían hacer sonrisas ni con un libraco de chistes de lepe.
Napia!!